¿QUÉ HAGO AQUÍ?
A mis camaradas sabatinos. Andrea, Montserrat, Óscar Uriel, José David, Óscar Alberto y David. Despiertas un día en plena madrugada de manera repentina. No tienes sueño. Estás sorpresivamente descansado, aunque apenas llevas tres horas desde que te acostaste. Despiertas desorientado, agitado. Te toma un par de segundos saber que estás en tu casa. Te deprime entender que ahora es de madera, cartón y yeso. Sabes que con cualquier suspiro podría derrumbarse. Tu hogar ya no es de ladrillos, tabiques y cemento como Dios manda, esas que ni el mismísimo lobo feroz podría derribar con un soplido. Miras el techo. Todo está en silencio. Te tranquilizas. Volteas a ver por la ventana muy despacio para que tu mujer no se despierte. No quieres seguir discutiendo lo mismo de anoche, que ya ni recuerdas qué es; es más, ni siquiera te interesa recordarlo. Lo sabes. Miras la nieve sobre los carros. Maldices. Sabes que tienes que bajar unos minutos antes para limpiar la nieve del carro. Puto frío. ...